domingo, 24 de julio de 2016

72. Argentina y sus números Macrillados.



Argentina y sus números Macrillados.
                                                  
La  situación económica en todo Latinoamérica es semejante, con economías más fuertes y más  débiles que otras, pero todas reflejando una desigualdad social que termina por romper con los esquemas utópicos del capitalismo.

De la situación económica argentina yo comencé a tener conocimiento, cuando en el transcurso del viaje comenzaron a aparecerse viajeros argentinos en la ruta, me atrevería a decir que casi en su mayoría todos nos mencionaban que los precios se habían ido por los cielos en los últimos años,  y la opinión actual sobre el presidente Mauricio Macri para todos estos viajeros siempre fue negativa, algo semejante a lo que pasa en mi país, donde al que se hace llamar presidente, Enrique Peña Nieto, la mayoría de los jóvenes lo tenemos con una mala imagen.
Yo la verdad no tengo ningún fundamento para expresar una opinión política sobre Macri, pero sobre la experiencia que tuvimos en el norte argentino puedo decir que realmente me llamó la atención lo elevado de los precios en muchos productos y servicios básicos. Tal como lo habían mencionado los viajeros, yo noté un descontento contra el gobierno sobre cómo han fluctuado los precios y sobre como la vida se ha puesto más complicada en los últimos años.
Cuando habíamos dejado Argentina y cruzado a Paraguay, un día de pronto me volvió mi lado financiero, el cual tengo demasiado oculto desde que comenzamos a viajar, así que me dio por revisar algunas estadísticas económicas relacionadas con Argentina, lo sorprendente fue que la primer opción que “google” me arrojó fue un link del banco mundial, donde la información y los datos ponían a Argentina como una potencia en Latinoamérica, con datos totalmente maquillados, totalmente “macrillados”, de un país que realmente atraviesa por una situación económica difícil para la gente que vive en el día a día, pero obviamente que el gobierno hace todo lo posible para que la imagen de la economía sea la mejor para quedar bien. Esto es algo que a los argentinos les debe de dar mucha rabia e impotencia, tal como nos da a los mexicanos, y a todos los demás países que hemos visitado hasta el momento de Latinoamérica.
En lo personal considero que las economías latinoamericanas  siempre van a estar bajo la sombra de las grandes divisas internacionales, el dólar y el euro. Cuando un país proyecta en los medios que todo está bien, y en las calles la situación es completamente diferente, eso me habla de que esos países están tratando de quedar bien con sus “socios” poderosos, en vez de quedar bien con su propia gente, que debería ser lo más lógico y fácil. Algún día espero que los latinos entendamos que lo mejor sería unirnos entre nosotros en vez de andar quedando bien con los vecinos del norte, pero creo que de ese pie, el país que más cojea es México.

Argentina fue un país difícil en nuestro breve paso por el norte en cuestiones monetarias pues se nos acabaron nuestros ahorros, y hubo varias circunstancias que nos hicieron batallar mucho y por ende terminar exprimiendo al máximo nuestros bolsillos, pero a final de cuentas también se apareció mucha gente que nos brindó una mano, con todo y que ellos viven en ese ambiente de precios caros y de salarios reducidos, pero siempre hay (y habrá) gente que sabe que es más importante compartir y ser buenas personas que caer en el maldito sistema del dinero.
Todavía nos queda más aventura argentina, pues en el mapa la ruta está trazada para volver a Buenos Aires y seguir recorriendo ese maravilloso, y a la vez caro, país.

Escrito por David Herrera González.
6 de Julio de 2016.


http://www.bancomundial.org/es/country/argentina/overview

jueves, 16 de junio de 2016

71. Momentos de nostalgia.



Momentos de nostalgia.
                                                  
la melancolía de morir en este mundo
y de vivir sin una estúpida razón  Fito Páez.





Cuando uno viaja, casi todo es dulzura, pero también hay momentos amargos, momentos naturales donde los estados de ánimo se resquebrajan y te hacen sentir una melancolía inmensa. Muchas veces, por las fotos, y por lo que uno cuenta todos pudieran pensar que es genial viajar, que nunca pasa nada malo, y aunque es así casi todo el tiempo, hay momentos que no es así. Muchos viajeros experimentados me han comentado de que hay síndromes del viajero, que a los seis meses es muy común que te cuestiones el porqué del viaje, hacia dónde vas, qué quieres lograr con ello,  y muchas otras preguntas existenciales; otros me han dicho que el síndrome del año, la verdad yo no me manejo por tiempos, pero si me han pegado varios de esos momentos, y si cuando uno está en casa es difícil afrontarlos, lo es mucho más cuando estas lejos.
En lo personal yo he tenido varias rachas en que extraño estar en casa, en que me gustaría tener ciertas comodidades que cuando uno viaja son prácticamente imposible tener, el poder abrazar a los míos, el estar en las reuniones familiares o eventos con amigos, todo eso se extraña, poder comer unos buenos tacos, una buena birria, un lechón, unos sopes, etcétera, etcétera, etcétera (cabe mencionar que ahora estoy un poco más flaco, pero no es por gusto, es porque el ritmo del viaje me hace estar así, pero si por mi fuera, comería como lo hacía en México), pero sobre todo el ver a mi papá y a mi mamá, a mis hermanos, a mis tías y tíos, a las primas y primos, al resto de la familia y a los amigo(a)s, incluso a mis perros,   son cosas que añoro, y más cuando me siento frágil.

Llevamos un par de semanas en Argentina, un lugar que ha tenido de los dos lados, mucha ayuda y oportunidades en varias cosas y por el otro un lugar difícil por cuestiones de precios y de dinero, y también porque se  nos han juntado enfermedades, y situaciones donde hemos pasado frío, hambre, donde hemos estado sin saber dónde vamos a parar, ni cómo vamos a llegar al siguiente punto, así que creo que todo eso combinado me ha hecho flaquear un poco en esto del viaje, pero por otro lado también tengo el objetivo bien marcado de continuar y de seguir descubriendo más lugares, de seguir conociendo gente y sobre todo de seguir llenando de experiencias mi interior para cuando este viejo poder tener algo interesante que platicar, algo de lo que yo me sienta orgulloso.
Uno de esos días en que estaba un poco sumergido en el río de la melancolía me pasó algo muy curioso. Una noche soñé que entraba a una oficina y que adentro estaba mi mamá, y yo me le aparecía por sorpresa, su cara al verme y la emoción que yo sentí al verla fue tan pura, y el hecho que al final decidiéramos irnos a desayunar algo en vez de seguir esperando a que le llegara el turno para que la atendieran, me hicieron levantarme con unas inmensas ganas de regresar a casa, de abrazar a mi mamá, a mi familia, a mis amigos, pero desafortunada o afortunadamente estoy en medio de un proyecto que es recorrer la mayor cantidad de Latinoamérica, de seguir buscando el origen de lo que somos desde México hasta la Patagonia con distintos submundo inmersos llamados países, pero con muchas cuestiones en común, algo que por otro lado realmente me apasiona, algo que salí a buscar y que he ido encontrando y disfrutando en todos estos meses. No me puedo quejar ni poquito, las cosas han salido demasiado bien, aunque han existido contratiempos y situaciones complicadas, siempre terminan por arreglarse y si ponemos las cosas en una balanza, tiene mucho más peso el lado de las cosas buenas, es más la balanza casi ni se inclina; pero con todo y eso, tengo que aceptar que hay momentos en que el estado de ánimo se ve mermado, días en que el cielo es gris, y las noches frías, momentos donde la nostalgia inunda el corazón y los pensamientos se llenan de ese sabor amargo a melancolía, pero como siempre pasa luego vienen lugares o gentes que te hacen olvidar, amigos y personas que se convierten en mi familia por algunos días, todo eso ayuda, y sobre todo algo que me da mucha tranquilidad es el saber que mi familia, mis amigos y varios angelitos y angelitas desde el cielo me envían toda la  buena vibra, eso vaya que me da fuerza para seguir firme en esta aventura de seguir recorriendo el continente.





Escrito por David Herrera González.

16 de Junio de 2016.


miércoles, 15 de junio de 2016

70. Recuerdos del Mar en tonos de distintos colores



Recuerdos del Mar en Tonos de Distintos Colores
                                                  
La vista era hermosa, con montañas de todos colores, algo que no había escuchado ni en cuentos.

 

El norte argentino nos habían dicho que es una experiencia muy distinta al resto del país. En el mapa de nuestra aventura la ruta Argentina se divide en dos partes, primero entramos al norte antes de desviarnos a Paraguay, Brasil y Uruguay, para luego volver al país por el centro.
La entrada al norte de  Argentina representó un choque cultural bastante fuerte luego de haber estado más de un mes en Bolivia; dos realidades distintas, que aunque se dice que hay muchas semejanzas, la vida diaria de un lugar a otro es muy distinta. A nosotros nos costó varios días y algo de esfuerzo adaptarnos a una nueva realidad, donde los precios son caros, y las costumbres distintas, entramos por la Quiaca donde por cuestiones de salud y de mala suerte nos tuvimos que quedar casi cinco días, luego decidimos bajar hasta Jujuy a ver si terminábamos de adaptarnos y podríamos generar algo de dinero para luego poder visitar algunos de los famosos lugares naturales en la provincia que lleva el mismo nombre. En Jujuy las cosas lentamente se fueron dando,  en un ambiente nublado y con lluvia todo el tiempo, pero comenzaron a fluir con presentaciones en escuelas, y en especial con un par de  presentaciones en un teatro, las más importante hasta el momento para nosotros.  Al final pudimos salir con algo de plata de ese lugar con el objetivo de ir a convivir con la naturaleza unos cuantos días y la experiencia fue magnifica.
…Nos recibió Alejandro, un señor argentino que había viajado toda la vida y que ahora tiene una finca en Maimará (lugar donde bajan las estrellas) en donde vive en un terreno de 10 hectáreas en una pequeña y humilde cabañita, frente a  las montañas que se hacen llamar la Paleta del Pintor. A nuestra llegada, tuvimos que cruzar puentes hechos con piedras y con palos bastante endebles, con las mochilas en nuestras espaldas, pero a lo lejos alcanzábamos a ver sorprendidos unas enormes montañas cuyos  distintos colores se diluían como derritiéndose, la cabaña de Alex era cómoda y calientita pero afuera estaba muy frío, aun así acampar allí y prender fuego todas las noches eran situaciones que  nos calentaban el alma, la primer noche salí de la zona de árboles donde teníamos la tienda de campaña, me lleve una grata sorpresa al ver frente a mi insignificante presencia unas enormes paredes de piedra donde en la noche solo se alcanzan a ver los tonos de obscuridad derretidos en el cerro y en lo alto el cielo despejado donde las constelaciones posaban, incluso se alcanzaban a notar las  fumarolas espaciales entre las incontables estrellas, un espectáculo que todas las noches me gustaba ir a observar.
El segundo días fuimos a conocer Purmamarca, un lugar mágico, donde la vista era hermosa, llena de montañas con formas surrealistas de distintos colores que convivían una junta a la otra, algo difícil de describir, algo que si me hubieran dicho que existía me hubiera costado imaginarlo. Montañas que según los especialistas, en algún punto hace miles de años fueron el fondo del océano; montañas rojas, marrones, naranjas, grises, verdes, una junto a la otra, algunas con formas muy locas y con acabados increíbles que combinadas con ese aspecto desértico y frío simplemente me volaban la cabeza.


Otro de los días en que estuvimos conviviendo a tope con la naturaleza, decidimos ir a otro pueblo llamado Tilcara, a unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos, pero por recomendación de Alejandro, lo hicimos caminando en medio de la naturaleza, pasando por viñedos y granjas de cultivos, y luego siguiendo el cauce de un río seco lleno de piedras, en algún punto parecíamos estar perdidos en medio de altas montañas desérticas, en medio de  la nada, con el sol pegando de frente y sintiendo como el calor consumía todo el líquido de nuestros cuerpos, hasta que allá en el fondo de pronto se apareció un cerro con una pirámide arriba, era Pucará un lugar de ruinas de tiempos incaicos, donde se asentaba una civilización muy bien organizada, con construcciones bien logradas con pequeñas piedras sobrepuestas una sobre otra creando cuartos con puertas al estilo Inca, y corrales. Nosotros entramos por atrás por la parte de la piedra campana, y el jardín botánico, para luego seguir al cerro donde se encuentran las ruinas,  un cerro lleno de unos enormes cactus peludos, y donde en la parte alta encontramos varias construcciones, yo comencé a adentrarme a todos los cuartos, algunos más obscuros que otros, algunos más grandes que otros, y algunos con más energía que otros, en alguno de ellos sentí esos escalofríos que tanto me gustan de saber que estaba en un lugar donde se respira el pasado. Para cuando terminamos de recorrer la zona teníamos tanta sed y hambre que lo primero que hicimos fue ir a una tienda a comprar algo, luego descansamos un poco en la plaza de Tilcara, un lugar con toques europeos. (Algunas de las plazas acá en el norte tienen características muy únicas, que no parecieran ser de Latinoamérica, plazas en pueblos como Yavi, Purmamarca, Tilcara y Maimara tienen un estilo muy particular). 

Los últimos días los pasamos en Maimará, aprovechando los momentos de calor y aprendiendo a disfrutar de los ratos fríos, conocí el cementerio, donde algunas lapidas tienen la forma de las casas de los difuntos hechas en  miniatura, disfruté de la hermosa vista del cerro de colores derretidos que teníamos en frente, caminé por la maleza recogiendo leña y disfrutamos de las charlas con Ale y con los uruguayos, Diego y Nadia, que llegaron los últimos días. El último día subí caminando a los cerros de la paleta del pintor, fui pasando cerros de distintos colores, hasta que llegue a la zona roja donde se puede ver una huella de dinosaurio plantada sobre una piedra, allí me senté a contemplar el panorama y a sentir lo que es la libertad.
Al final a  Julieta, a Luis y a mí, nos costó trabajo dejar el lugar, done vivíamos precariamente pero felices, con todo lo necesario para vivir, cocina, baño con agua caliente, leña para prender fuego y calentarnos, una vista demasiado hermosa para ser real, y en compañía de grandes personas con ideales  muy interesantes mostrando que se puede vivir sin ser parte del sistema, hacerlo de la mejor manera y ser feliz.  
Gracias a Alejandro por recibirnos.


Escrito por David Herrera González.
10 de Junio de 2016.