Recuerdos del Mar en Tonos de Distintos Colores
La vista era hermosa, con montañas de todos colores, algo que no había
escuchado ni en cuentos.
La entrada al norte de Argentina representó un choque cultural
bastante fuerte luego de haber estado más de un mes en Bolivia; dos realidades
distintas, que aunque se dice que hay muchas semejanzas, la vida diaria de un
lugar a otro es muy distinta. A nosotros nos costó varios días y algo de
esfuerzo adaptarnos a una nueva realidad, donde los precios son caros, y las
costumbres distintas, entramos por la Quiaca donde por cuestiones de salud y de
mala suerte nos tuvimos que quedar casi cinco días, luego decidimos bajar hasta
Jujuy a ver si terminábamos de adaptarnos y podríamos generar algo de dinero
para luego poder visitar algunos de los famosos lugares naturales en la
provincia que lleva el mismo nombre. En Jujuy las cosas lentamente se fueron
dando, en un ambiente nublado y con
lluvia todo el tiempo, pero comenzaron a fluir con presentaciones en escuelas,
y en especial con un par de
presentaciones en un teatro, las más importante hasta el momento para
nosotros. Al final pudimos salir con
algo de plata de ese lugar con el objetivo de ir a convivir con la naturaleza
unos cuantos días y la experiencia fue magnifica.
…Nos recibió Alejandro, un señor
argentino que había viajado toda la vida y que ahora tiene una finca en Maimará
(lugar donde bajan las estrellas) en donde vive en un terreno de 10 hectáreas en
una pequeña y humilde cabañita, frente a
las montañas que se hacen llamar la Paleta del Pintor. A nuestra
llegada, tuvimos que cruzar puentes hechos con piedras y con palos bastante
endebles, con las mochilas en nuestras espaldas, pero a lo lejos alcanzábamos a
ver sorprendidos unas enormes montañas cuyos
distintos colores se diluían como derritiéndose, la cabaña de Alex era
cómoda y calientita pero afuera estaba muy frío, aun así acampar allí y prender
fuego todas las noches eran situaciones que
nos calentaban el alma, la primer noche salí de la zona de árboles donde
teníamos la tienda de campaña, me lleve una grata sorpresa al ver frente a mi insignificante
presencia unas enormes paredes de piedra donde en la noche solo se alcanzan a
ver los tonos de obscuridad derretidos en el cerro y en lo alto el cielo
despejado donde las constelaciones posaban, incluso se alcanzaban a notar
las fumarolas espaciales entre las
incontables estrellas, un espectáculo que todas las noches me gustaba ir a
observar.
El segundo días fuimos a conocer
Purmamarca, un lugar mágico, donde la vista era hermosa, llena de montañas con
formas surrealistas de distintos colores que convivían una junta a la otra,
algo difícil de describir, algo que si me hubieran dicho que existía me hubiera
costado imaginarlo. Montañas que según los especialistas, en algún punto hace
miles de años fueron el fondo del océano; montañas rojas, marrones, naranjas, grises,
verdes, una junto a la otra, algunas con formas muy locas y con acabados
increíbles que combinadas con ese aspecto desértico y frío simplemente me
volaban la cabeza.
Otro de los días en que estuvimos
conviviendo a tope con la naturaleza, decidimos ir a otro pueblo llamado
Tilcara, a unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos, pero por
recomendación de Alejandro, lo hicimos caminando en medio de la naturaleza,
pasando por viñedos y granjas de cultivos, y luego siguiendo el cauce de un río
seco lleno de piedras, en algún punto parecíamos estar perdidos en medio de
altas montañas desérticas, en medio de
la nada, con el sol pegando de frente y sintiendo como el calor consumía
todo el líquido de nuestros cuerpos, hasta que allá en el fondo de pronto se
apareció un cerro con una pirámide arriba, era Pucará un lugar de ruinas de
tiempos incaicos, donde se asentaba una civilización muy bien organizada, con
construcciones bien logradas con pequeñas piedras sobrepuestas una sobre otra
creando cuartos con puertas al estilo Inca, y corrales. Nosotros entramos por
atrás por la parte de la piedra campana, y el jardín botánico, para luego
seguir al cerro donde se encuentran las ruinas,
un cerro lleno de unos enormes cactus peludos, y donde en la parte alta
encontramos varias construcciones, yo comencé a adentrarme a todos los cuartos,
algunos más obscuros que otros, algunos más grandes que otros, y algunos con
más energía que otros, en alguno de ellos sentí esos escalofríos que tanto me
gustan de saber que estaba en un lugar donde se respira el pasado. Para cuando
terminamos de recorrer la zona teníamos tanta sed y hambre que lo primero que
hicimos fue ir a una tienda a comprar algo, luego descansamos un poco en la
plaza de Tilcara, un lugar con toques europeos.
(Algunas de las plazas acá en el norte tienen características muy únicas, que
no parecieran ser de Latinoamérica, plazas en pueblos como Yavi, Purmamarca,
Tilcara y Maimara tienen un estilo muy particular).
Los últimos días los pasamos en
Maimará, aprovechando los momentos de calor y aprendiendo a disfrutar de los
ratos fríos, conocí el cementerio, donde algunas lapidas tienen la forma de las
casas de los difuntos hechas en
miniatura, disfruté de la hermosa vista del cerro de colores derretidos que
teníamos en frente, caminé por la maleza recogiendo leña y disfrutamos de las
charlas con Ale y con los uruguayos, Diego y Nadia, que llegaron los últimos
días. El último día subí caminando a los cerros de la paleta del pintor, fui
pasando cerros de distintos colores, hasta que llegue a la zona roja donde se
puede ver una huella de dinosaurio plantada sobre una piedra, allí me senté a
contemplar el panorama y a sentir lo que es la libertad.
Al final a Julieta, a Luis y a mí, nos costó trabajo
dejar el lugar, done vivíamos precariamente pero felices, con todo lo necesario
para vivir, cocina, baño con agua caliente, leña para prender fuego y
calentarnos, una vista demasiado hermosa para ser real, y en compañía de
grandes personas con ideales muy
interesantes mostrando que se puede vivir sin ser parte del sistema, hacerlo de
la mejor manera y ser feliz.
Gracias a Alejandro por recibirnos.
Escrito por David
Herrera González.
10 de Junio de 2016.




No hay comentarios:
Publicar un comentario