miércoles, 15 de junio de 2016

70. Recuerdos del Mar en tonos de distintos colores



Recuerdos del Mar en Tonos de Distintos Colores
                                                  
La vista era hermosa, con montañas de todos colores, algo que no había escuchado ni en cuentos.

 

El norte argentino nos habían dicho que es una experiencia muy distinta al resto del país. En el mapa de nuestra aventura la ruta Argentina se divide en dos partes, primero entramos al norte antes de desviarnos a Paraguay, Brasil y Uruguay, para luego volver al país por el centro.
La entrada al norte de  Argentina representó un choque cultural bastante fuerte luego de haber estado más de un mes en Bolivia; dos realidades distintas, que aunque se dice que hay muchas semejanzas, la vida diaria de un lugar a otro es muy distinta. A nosotros nos costó varios días y algo de esfuerzo adaptarnos a una nueva realidad, donde los precios son caros, y las costumbres distintas, entramos por la Quiaca donde por cuestiones de salud y de mala suerte nos tuvimos que quedar casi cinco días, luego decidimos bajar hasta Jujuy a ver si terminábamos de adaptarnos y podríamos generar algo de dinero para luego poder visitar algunos de los famosos lugares naturales en la provincia que lleva el mismo nombre. En Jujuy las cosas lentamente se fueron dando,  en un ambiente nublado y con lluvia todo el tiempo, pero comenzaron a fluir con presentaciones en escuelas, y en especial con un par de  presentaciones en un teatro, las más importante hasta el momento para nosotros.  Al final pudimos salir con algo de plata de ese lugar con el objetivo de ir a convivir con la naturaleza unos cuantos días y la experiencia fue magnifica.
…Nos recibió Alejandro, un señor argentino que había viajado toda la vida y que ahora tiene una finca en Maimará (lugar donde bajan las estrellas) en donde vive en un terreno de 10 hectáreas en una pequeña y humilde cabañita, frente a  las montañas que se hacen llamar la Paleta del Pintor. A nuestra llegada, tuvimos que cruzar puentes hechos con piedras y con palos bastante endebles, con las mochilas en nuestras espaldas, pero a lo lejos alcanzábamos a ver sorprendidos unas enormes montañas cuyos  distintos colores se diluían como derritiéndose, la cabaña de Alex era cómoda y calientita pero afuera estaba muy frío, aun así acampar allí y prender fuego todas las noches eran situaciones que  nos calentaban el alma, la primer noche salí de la zona de árboles donde teníamos la tienda de campaña, me lleve una grata sorpresa al ver frente a mi insignificante presencia unas enormes paredes de piedra donde en la noche solo se alcanzan a ver los tonos de obscuridad derretidos en el cerro y en lo alto el cielo despejado donde las constelaciones posaban, incluso se alcanzaban a notar las  fumarolas espaciales entre las incontables estrellas, un espectáculo que todas las noches me gustaba ir a observar.
El segundo días fuimos a conocer Purmamarca, un lugar mágico, donde la vista era hermosa, llena de montañas con formas surrealistas de distintos colores que convivían una junta a la otra, algo difícil de describir, algo que si me hubieran dicho que existía me hubiera costado imaginarlo. Montañas que según los especialistas, en algún punto hace miles de años fueron el fondo del océano; montañas rojas, marrones, naranjas, grises, verdes, una junto a la otra, algunas con formas muy locas y con acabados increíbles que combinadas con ese aspecto desértico y frío simplemente me volaban la cabeza.


Otro de los días en que estuvimos conviviendo a tope con la naturaleza, decidimos ir a otro pueblo llamado Tilcara, a unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos, pero por recomendación de Alejandro, lo hicimos caminando en medio de la naturaleza, pasando por viñedos y granjas de cultivos, y luego siguiendo el cauce de un río seco lleno de piedras, en algún punto parecíamos estar perdidos en medio de altas montañas desérticas, en medio de  la nada, con el sol pegando de frente y sintiendo como el calor consumía todo el líquido de nuestros cuerpos, hasta que allá en el fondo de pronto se apareció un cerro con una pirámide arriba, era Pucará un lugar de ruinas de tiempos incaicos, donde se asentaba una civilización muy bien organizada, con construcciones bien logradas con pequeñas piedras sobrepuestas una sobre otra creando cuartos con puertas al estilo Inca, y corrales. Nosotros entramos por atrás por la parte de la piedra campana, y el jardín botánico, para luego seguir al cerro donde se encuentran las ruinas,  un cerro lleno de unos enormes cactus peludos, y donde en la parte alta encontramos varias construcciones, yo comencé a adentrarme a todos los cuartos, algunos más obscuros que otros, algunos más grandes que otros, y algunos con más energía que otros, en alguno de ellos sentí esos escalofríos que tanto me gustan de saber que estaba en un lugar donde se respira el pasado. Para cuando terminamos de recorrer la zona teníamos tanta sed y hambre que lo primero que hicimos fue ir a una tienda a comprar algo, luego descansamos un poco en la plaza de Tilcara, un lugar con toques europeos. (Algunas de las plazas acá en el norte tienen características muy únicas, que no parecieran ser de Latinoamérica, plazas en pueblos como Yavi, Purmamarca, Tilcara y Maimara tienen un estilo muy particular). 

Los últimos días los pasamos en Maimará, aprovechando los momentos de calor y aprendiendo a disfrutar de los ratos fríos, conocí el cementerio, donde algunas lapidas tienen la forma de las casas de los difuntos hechas en  miniatura, disfruté de la hermosa vista del cerro de colores derretidos que teníamos en frente, caminé por la maleza recogiendo leña y disfrutamos de las charlas con Ale y con los uruguayos, Diego y Nadia, que llegaron los últimos días. El último día subí caminando a los cerros de la paleta del pintor, fui pasando cerros de distintos colores, hasta que llegue a la zona roja donde se puede ver una huella de dinosaurio plantada sobre una piedra, allí me senté a contemplar el panorama y a sentir lo que es la libertad.
Al final a  Julieta, a Luis y a mí, nos costó trabajo dejar el lugar, done vivíamos precariamente pero felices, con todo lo necesario para vivir, cocina, baño con agua caliente, leña para prender fuego y calentarnos, una vista demasiado hermosa para ser real, y en compañía de grandes personas con ideales  muy interesantes mostrando que se puede vivir sin ser parte del sistema, hacerlo de la mejor manera y ser feliz.  
Gracias a Alejandro por recibirnos.


Escrito por David Herrera González.
10 de Junio de 2016.


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