jueves, 16 de junio de 2016

71. Momentos de nostalgia.



Momentos de nostalgia.
                                                  
la melancolía de morir en este mundo
y de vivir sin una estúpida razón  Fito Páez.





Cuando uno viaja, casi todo es dulzura, pero también hay momentos amargos, momentos naturales donde los estados de ánimo se resquebrajan y te hacen sentir una melancolía inmensa. Muchas veces, por las fotos, y por lo que uno cuenta todos pudieran pensar que es genial viajar, que nunca pasa nada malo, y aunque es así casi todo el tiempo, hay momentos que no es así. Muchos viajeros experimentados me han comentado de que hay síndromes del viajero, que a los seis meses es muy común que te cuestiones el porqué del viaje, hacia dónde vas, qué quieres lograr con ello,  y muchas otras preguntas existenciales; otros me han dicho que el síndrome del año, la verdad yo no me manejo por tiempos, pero si me han pegado varios de esos momentos, y si cuando uno está en casa es difícil afrontarlos, lo es mucho más cuando estas lejos.
En lo personal yo he tenido varias rachas en que extraño estar en casa, en que me gustaría tener ciertas comodidades que cuando uno viaja son prácticamente imposible tener, el poder abrazar a los míos, el estar en las reuniones familiares o eventos con amigos, todo eso se extraña, poder comer unos buenos tacos, una buena birria, un lechón, unos sopes, etcétera, etcétera, etcétera (cabe mencionar que ahora estoy un poco más flaco, pero no es por gusto, es porque el ritmo del viaje me hace estar así, pero si por mi fuera, comería como lo hacía en México), pero sobre todo el ver a mi papá y a mi mamá, a mis hermanos, a mis tías y tíos, a las primas y primos, al resto de la familia y a los amigo(a)s, incluso a mis perros,   son cosas que añoro, y más cuando me siento frágil.

Llevamos un par de semanas en Argentina, un lugar que ha tenido de los dos lados, mucha ayuda y oportunidades en varias cosas y por el otro un lugar difícil por cuestiones de precios y de dinero, y también porque se  nos han juntado enfermedades, y situaciones donde hemos pasado frío, hambre, donde hemos estado sin saber dónde vamos a parar, ni cómo vamos a llegar al siguiente punto, así que creo que todo eso combinado me ha hecho flaquear un poco en esto del viaje, pero por otro lado también tengo el objetivo bien marcado de continuar y de seguir descubriendo más lugares, de seguir conociendo gente y sobre todo de seguir llenando de experiencias mi interior para cuando este viejo poder tener algo interesante que platicar, algo de lo que yo me sienta orgulloso.
Uno de esos días en que estaba un poco sumergido en el río de la melancolía me pasó algo muy curioso. Una noche soñé que entraba a una oficina y que adentro estaba mi mamá, y yo me le aparecía por sorpresa, su cara al verme y la emoción que yo sentí al verla fue tan pura, y el hecho que al final decidiéramos irnos a desayunar algo en vez de seguir esperando a que le llegara el turno para que la atendieran, me hicieron levantarme con unas inmensas ganas de regresar a casa, de abrazar a mi mamá, a mi familia, a mis amigos, pero desafortunada o afortunadamente estoy en medio de un proyecto que es recorrer la mayor cantidad de Latinoamérica, de seguir buscando el origen de lo que somos desde México hasta la Patagonia con distintos submundo inmersos llamados países, pero con muchas cuestiones en común, algo que por otro lado realmente me apasiona, algo que salí a buscar y que he ido encontrando y disfrutando en todos estos meses. No me puedo quejar ni poquito, las cosas han salido demasiado bien, aunque han existido contratiempos y situaciones complicadas, siempre terminan por arreglarse y si ponemos las cosas en una balanza, tiene mucho más peso el lado de las cosas buenas, es más la balanza casi ni se inclina; pero con todo y eso, tengo que aceptar que hay momentos en que el estado de ánimo se ve mermado, días en que el cielo es gris, y las noches frías, momentos donde la nostalgia inunda el corazón y los pensamientos se llenan de ese sabor amargo a melancolía, pero como siempre pasa luego vienen lugares o gentes que te hacen olvidar, amigos y personas que se convierten en mi familia por algunos días, todo eso ayuda, y sobre todo algo que me da mucha tranquilidad es el saber que mi familia, mis amigos y varios angelitos y angelitas desde el cielo me envían toda la  buena vibra, eso vaya que me da fuerza para seguir firme en esta aventura de seguir recorriendo el continente.





Escrito por David Herrera González.

16 de Junio de 2016.


1 comentario:

  1. Ánimos David! ...cuando la melancolía pone el cielo gris, hay un sol hermoso, radiante y cálido, esperando abrazarte. Solo es cuestión de q nunca dejes de pensarlo, de desearlo...entrégate a la vida, ella te dará lo mejor sin pedirte nada a cambio!

    Te abraza a la distancia, tu amigo Gabriel.

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