Momentos de nostalgia.
“la melancolía de morir en este mundo
y de vivir sin una estúpida razón” Fito Páez.
y de vivir sin una estúpida razón” Fito Páez.
Cuando uno viaja, casi todo es
dulzura, pero también hay momentos amargos, momentos naturales donde los
estados de ánimo se resquebrajan y te hacen sentir una melancolía inmensa.
Muchas veces, por las fotos, y por lo que uno cuenta todos pudieran pensar que
es genial viajar, que nunca pasa nada malo, y aunque es así casi todo el
tiempo, hay momentos que no es así. Muchos viajeros experimentados me han
comentado de que hay síndromes del viajero, que a los seis meses es muy común
que te cuestiones el porqué del viaje, hacia dónde vas, qué quieres lograr con
ello, y muchas otras preguntas
existenciales; otros me han dicho que el síndrome del año, la verdad yo no me
manejo por tiempos, pero si me han pegado varios de esos momentos, y si cuando
uno está en casa es difícil afrontarlos, lo es mucho más cuando estas lejos.
En lo personal yo he tenido
varias rachas en que extraño estar en casa, en que me gustaría tener ciertas
comodidades que cuando uno viaja son prácticamente imposible tener, el poder
abrazar a los míos, el estar en las reuniones familiares o eventos con amigos,
todo eso se extraña, poder comer unos buenos tacos, una buena birria, un
lechón, unos sopes, etcétera, etcétera, etcétera (cabe mencionar que ahora
estoy un poco más flaco, pero no es por gusto, es porque el ritmo del viaje me
hace estar así, pero si por mi fuera, comería como lo hacía en México), pero
sobre todo el ver a mi papá y a mi mamá, a mis hermanos, a mis tías y tíos, a
las primas y primos, al resto de la familia y a los amigo(a)s, incluso a mis
perros, son cosas que añoro, y más cuando me siento
frágil.
Llevamos un par de semanas en
Argentina, un lugar que ha tenido de los dos lados, mucha ayuda y oportunidades
en varias cosas y por el otro un lugar difícil por cuestiones de precios y de dinero,
y también porque se nos han juntado
enfermedades, y situaciones donde hemos pasado frío, hambre, donde hemos estado
sin saber dónde vamos a parar, ni cómo vamos a llegar al siguiente punto, así
que creo que todo eso combinado me ha hecho flaquear un poco en esto del viaje,
pero por otro lado también tengo el objetivo bien marcado de continuar y de
seguir descubriendo más lugares, de seguir conociendo gente y sobre todo de
seguir llenando de experiencias mi interior para cuando este viejo poder tener
algo interesante que platicar, algo de lo que yo me sienta orgulloso.
Uno de esos días en que estaba un
poco sumergido en el río de la melancolía me pasó algo muy curioso. Una noche
soñé que entraba a una oficina y que adentro estaba mi mamá, y yo me le
aparecía por sorpresa, su cara al verme y la emoción que yo sentí al verla fue
tan pura, y el hecho que al final decidiéramos irnos a desayunar algo en vez de
seguir esperando a que le llegara el turno para que la atendieran, me hicieron
levantarme con unas inmensas ganas de regresar a casa, de abrazar a mi mamá, a
mi familia, a mis amigos, pero desafortunada o afortunadamente estoy en medio
de un proyecto que es recorrer la mayor cantidad de Latinoamérica, de seguir
buscando el origen de lo que somos desde México hasta la Patagonia con distintos
submundo inmersos llamados países, pero con muchas cuestiones en común, algo
que por otro lado realmente me apasiona, algo que salí a buscar y que he ido
encontrando y disfrutando en todos estos meses. No me puedo quejar ni poquito,
las cosas han salido demasiado bien, aunque han existido contratiempos y
situaciones complicadas, siempre terminan por arreglarse y si ponemos las cosas
en una balanza, tiene mucho más peso el lado de las cosas buenas, es más la
balanza casi ni se inclina; pero con todo y eso, tengo que aceptar que hay
momentos en que el estado de ánimo se ve mermado, días en que el cielo es gris,
y las noches frías, momentos donde la nostalgia inunda el corazón y los
pensamientos se llenan de ese sabor amargo a melancolía, pero como siempre pasa
luego vienen lugares o gentes que te hacen olvidar, amigos y personas que se
convierten en mi familia por algunos días, todo eso ayuda, y sobre todo algo
que me da mucha tranquilidad es el saber que mi familia, mis amigos y varios
angelitos y angelitas desde el cielo me envían toda la buena vibra, eso vaya que me da fuerza para
seguir firme en esta aventura de seguir recorriendo el continente.
Escrito por David
Herrera González.
16 de Junio de 2016.






